Durante nuestra experiencia de prácticas de observación en el preescolar, el diario de campo se convirtió en una herramienta significativa para reflexionar sobre nuestras vivencias y aprendizajes. A través de la realización de este diario, no solo pudimos registrar de manera detallada lo observado, sino que también nos permitió darle sentido a lo que experimentábamos en el aula, reflexionamos sobre la relación de este diario y las unidades de aprendizaje en nuestra experiencia normalista.

Utilidad y funcionalidad del diario de campo:
El diario de campo resultó ser una herramienta esencial para organizar nuestras observaciones y reflexiones de manera sistemática. Nos permitió identificar momentos clave de interacción entre los niños y los docentes, y estrategias pedagógicas que se implementaban en el aula. Por ejemplo, un aspecto que observamos fue cómo la maestra manejaba la diversidad en el aula, en términos de comportamiento y de necesidades. En los casos de niños con diagnósticos como autismo o sospecha de TDAH, la maestra adaptaba las actividades, brindaba apoyo y mantenía una actitud comprensiva y flexible. Al registrar estos momentos en el diario, pudimos reflexionar sobre la importancia de la educación inclusiva y cómo las estrategias pedagógicas deben adaptarse a las necesidades particulares de cada estudiante.

Además, el diario de campo nos permitió reflexionar sobre nuestra propia evolución como futuros docentes. Inicialmente, nuestros apuntes eran más descriptivos, pero con el tiempo fuimos agregando análisis sobre las prácticas pedagógicas observadas, lo que nos permitió relacionar teoría y práctica. Esto favoreció nuestra capacidad para entender situaciones del aula desde una perspectiva más profesional.
Al escribir nuestras observaciones, nos dábamos cuenta de que muchos detalles que parecían insignificantes a primera vista podían tener un gran impacto educativo. Por ejemplo, la manera en que los niños interactuaban entre sí durante los juegos o cómo reaccionaban ante la maestra nos mostró la importancia de crear un ambiente seguro para el aprendizaje.
El diario de campo también nos ayudó a reconocer la importancia de la planificación de cada educadora. En las observaciones, notamos que las maestras no solo seguían al pie de la letra un plan de clase, sino que también sabían adaptarse a las circunstancias del momento. Por ejemplo, si un niño mostraba inseguridad o ansiedad, la maestra brindaba un apoyo emocional más cercano. Esto es crucial en el trabajo docente, especialmente en un contexto tan dinámico como el de un preescolar, y el diario de campo nos permitió reflexionar sobre cómo adaptarnos en nuestro futuro como docentes.
Una de las habilidades más destacadas en las maestras fue su capacidad para expresarse de manera clara, efectiva y adaptada al nivel de comprensión de los niños. Las maestras se expresaban con un tono de voz amable y cálido, lo que facilitaba la interacción con los niños. Además, observamos que utilizaban un lenguaje adecuado, pero también implementaban un vocabulario nuevo que ayudaba al léxico de los niños.
Una de las competencias más importantes que observamos en la docente fue su habilidad para establecer relaciones de confianza con los niños. La maestra tenía una actitud cálida y empática, lo que le permitía detectar rápidamente las necesidades emocionales y sociales de los niños. Por ejemplo, cuando un niño se sentía triste o inseguro, la maestra lo ayudaba con palabras dulces y motivándolo a participar. Esta capacidad para generar confianza y seguridad en los niños no solo favorecía a su bienestar emocional, también facilitaba su aprendizaje y motivación para participar
En resumen, las observaciones realizadas durante nuestras prácticas de campo nos permitieron identificar una serie de competencias y habilidades que son esenciales en el trabajo docente. La capacidad para expresarse claramente, la creatividad en las actividades, la habilidad para conectarse emocionalmente con los niños y el manejo adecuado de la disciplina son solo algunas de las cualidades que hacen a un docente efectivo. Estas habilidades no solo facilitan el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que también contribuyen a la creación de un ambiente escolar positivo, inclusivo y estimulante, donde los niños pueden desarrollarse de manera integral. Sin duda, estos aprendizajes nos han permitido reflexionar sobre las competencias que debemos seguir cultivando para convertirnos en docentes comprometidos con el bienestar y el aprendizaje de todos nuestros futuros estudiantes.
Compromisos en nuestra formación docente:
En primer lugar, nos comprometemos a mejorar nuestras habilidades de observación. Aprendimos que la observación no debe ser solo se trata de ver, sino un acto activo de análisis y reflexión sobre lo que está ocurriendo en el aula. Durante nuestras próximas visitas, nos enfocaremos en observar el comportamiento de los niños, y también las interacciones entre ellos y con los docentes, para comprender mejor las dinámicas del grupo y cómo podemos adaptar nuestras estrategias pedagógicas.
Además, nos comprometemos a ser más flexibles y creativos al planificar nuestras actividades. Como futuros docentes, entendemos que no siempre todo saldrá según lo planeado, y que debemos estar preparados para las necesidades del grupo. Por ejemplo, si observamos que los niños están especialmente inquietos o ansiosos, podremos cambiar la actividad planificada por una que les permita relajarse con su entorno de manera tranquila y segura.