martes, 3 de diciembre de 2024

LA DIVERSIDAD CULTURAL Y LINGÜÍSTICA EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN BÁSICA EN MÉXICO.


Nuestra experiencia durante esta jornada de prácticas en el jardín de niños Ignacio Manuel Altamirano fue muy positiva y enriquecedora. Desde el inicio, notamos que las maestras eran muy dedicadas, que manejaban a sus alumnos con muchas dinámicas y creatividad. Siempre trataban de adaptar las actividades a las necesidades y características de cada niño, lo que demostraba su compromiso con el aprendizaje y la diversidad en el aula.

Una de las primeras cosas que nos sorprendió al llegar al preescolar fue la manera en que las maestras interactuaban con los niños. Al recibirlos, les preguntaban cómo estaban y los saludaban muy alegres, lo cual era una gran estrategia para captar la atención de los pequeños y crear un ambiente relajado y alegre. Este tipo de prácticas no solo les ayudaba a concentrarse, sino que también fomentaba la confianza y la cercanía entre ellos y la maestra, promoviendo el respeto mutuo.

Durante este tiempo, tuvimos la oportunidad de observar de cerca cómo se lleva a cabo una clase en la etapa preescolar y los retos diarios que enfrenta una educadora. Nos sentimos cómodas porque las maestras nos brindaron apoyo y confianza en todo momento. A pesar de que el horario parecía breve, ya que el tiempo se pasaba rápidamente debido a las actividades constantes con los niños, la jornada fue muy provechosa. 



Más allá del aula, también logramos experimentar la conexión de la escuela con las familias y la comunidad del jardín Ignacio Manuel Altamirano. Las madres y padres de familia eran muy colaborativos y siempre estaban dispuestos a participar en las actividades escolares, ya sea acompañando a los niños en salidas, apoyando en la organización de eventos o participando en las reuniones. Esta relación cercana entre la escuela y las familias fortalece el proceso de aprendizaje de cada niño, ya que los padres pueden seguir el desarrollo de sus hijos y colaborar con los maestros en la atención de sus necesidades.

Identificamos prácticas educativas tradicionales y cotidianas del entorno escolar, familiar y comunitario. Estas prácticas, son fundamentales en el desarrollo de los niños y reflejan una gran diversidad cultural y lingüística que merece ser valorada.




Una de las prácticas tradicionales que observamos fue la forma en que las familias participan en el contexto del preescolar. Las madres y padres no solo acompañan a los niños en eventos escolares, sino que también comparten sus propias tradiciones culturales. Por ejemplo, durante las festividades de Día de Muertos realizaron una fiesta de disfraces en la que se elaboraron actividades referentes a esta tradición. Esta práctica no solo conecta a los niños con sus raíces, sino que también los hace conscientes sobre la importancia de las tradiciones de su comunidad.

De esta manera, nuestra experiencia de observación nos permitió reconocer que las prácticas cotidianas y tradicionales de las familias y la comunidad no solo son valiosas, sino que también crean espacios de aprendizaje. Al fortalecer la diversidad cultural y lingüística en el aula, se fomenta una educación más respetuosa de las identidades de todos los niños.

Analizamos sobre la evolución de la educación en México, particularmente en lo que respecta a los principios de ser laica y gratuita, desde sus inicios hasta la actualidad. Un ejemplo claro de este cambio lo encontramos en la evolución de las primeras escuelas públicas, que inicialmente contaban con recursos limitados y pocos maestros capacitados. Los padres y madres de familia debían pagar cuotas o colaborar con la escuela de alguna manera, lo que limitaba el acceso a la educación para los sectores más pobres de la población. 

En la actualidad, la educación en México sigue siendo laica y gratuita hasta la educación básica. Sin embargo, hemos visto que el concepto de educación ha evolucionado en función de las necesidades sociales, tecnológicas y culturales. En las aulas de hoy, como las que observamos durante nuestras prácticas, encontramos una educación más inclusiva y diversa, que busca atender las distintas necesidades de los niños, incluyendo aquellos con discapacidades y barreras de aprendizaje, fomentando el respeto a la diversidad cultural y lingüística.

Un ejemplo claro de esta evolución lo pudimos observar en las prácticas, cuando los niños participaban en actividades que no solo se limitaban a la lectura y escritura, sino que también incluían juegos didácticos, y el uso de tecnología. 



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Ignacio Manuel Altamirano

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